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Mi primera visita a Washington DC

Mi primer viaje a Estados Unidos tenía como mayor destino el DC ya que allí vivía mi amiga Sofi, a quien iba a visitar.
Tomé un vuelo directo a Nueva York con Aerolíneas Argentinas que me dejó en el JFK Airport. Es un aeropuerto impresionante! tomé el tren interno para ir hasta la terminal 2 dónde se encuentran las salas de embarque de Delta, aerolínea con la que tenía que realizar la conexión hacía Washington DC.

Como tenía un poco de tiempo y llevaba varias horas de vuelo, aproveché para desayunar algo en la terminal. Había varios locales de comida y recuerdos, y mesas con tablets conectadas a wifi de uso gratuito que me fueron de mucha ayuda ya que mi teléfono no lograba conectarse a la red de internet y fue el único medio por el cual me pude comunicar con mi familia y con Sofi.

El vuelo de Delta al DC fue en un avión de sólo 20 asientos. No fue la mejor experiencia que tuve pero al recordarla hoy me río bastante (quizás de los nervios). Los aviones chicos son más propensos a que se sientan las turbulencias y el clima de ese día no ayudaba por lo que el vuelo fue más movido de lo que me hubiera gustado.

Confieso que recé durante todo el trayecto y se ve que tenía cara de pánico ya que la tripulante a bordo vino a preguntarme si estaba bien y a indicarme que tenía acceso a la bolsa para vomitar / respirar en el bolsillo del asiento.

Washington DC tiene dos aeropuertos, yo llegué al Dulles que es realmente enorme. Adentro del edificio hay un subte que te transporta de terminal en terminal. Casi laberíntico, pero, muy contrario a lo que pensaba, la gente fue muy cordial y me ofreció ayuda en todo el camino que debí hacer hasta llegar a mi valija.

Al encontrar mis cosas surgió mi gran duda: ¿en cuál de las miles de puertas que veía debía encontrarme con Sofi?. Mi teléfono no funcionaba y no tenía cambio para los teléfonos públicos, realmente no sabía que hacer. Empecé a caminar de un lado a otro con cara de pánico hasta que otro gesto de amabilidad me tomó por sorpresa. Un policía que se encontraba en una de las plataformas y me había estado observando se acercó a preguntarme si podía ayudarme en algo. En un inglés atravesado y nervioso le expliqué que estaba esperando a una amiga que me pasaría a buscar pero no sabía exactamente en que puerta nos encontraríamos. Me pidió el nombre y número de teléfono ella y la llamó desde su celular para avisarle dónde me podía localizar.

Esperé a Sofi contra una columna mientras era testigo de encuentros entre sonrisas y lágrimas de amigos o parejas que se volvían a ver, vaya a saber uno, después de cuánto tiempo. Recuerdo globos, flores, abrazos, besos. Era un ambiente hermoso. De pronto entraron corriendo dos chicas con una bandera de Argentina y empezaron a mirar a todos lados, no las conocía pero algo me decía que me buscaban a mi. Las miré hasta que me vieron y me abrazaron: “somos amigas de Sofi, está afuera con el auto mal estacionado, bienvenida”.

Sofi me esperaba al lado del baúl abierto del auto. Me vio y se puso a llorar. Nos abrazamos largo y fuerte, había pasado un año ya desde que vivía ahí como au pair.

Esa noche, ya instalada en la casa de la familia anfitriona en la zona de Cleveland Park, Sofi celebró su cumpleaños. Hizo una reunión con sus amigas au pairs, la mayoría latinoamericanas con salvedad de una alemana. Ahí tuve mi primer encuentro con la comida yankee: probé la pizza, tal cual a como se ve en las películas: porciones gigantes, blandas, finitas, repletas de salsa y escasas de queso. Aunque no van muy de la mano con el tipo de pizza que suelo comer, me pareció muy rica. Quizás fueron las ansias y la emoción de mi primera experiencia.

Después de las pizzas, cuando el reloj marcaba apenas las 11, hora en la que en nuestro país todavía es temprano hasta para las previas, fuimos a dos bares: Madhatters, denominado por Sofi y sus amigas como “típico estadounidense”, con mucho pop en inglés y música electrónica, y otro latino: Café Citron, donde sonaban reggaetones, ritmos más centroamericanos y alguna que otra cubia villera.

La diferencia más grande con nuestros bares es el horario de apertura y cierre. A las 2 am ya no hay nada abierto (y estoy siendo generosa con). El primer bar al que fuimos es recomendable si el plan es tomar algo y después pasar a bailar al ritmo de las canciones de moda de Rihanna, Justin Bieber, Justin Timberlake o algún clásico de Britney remixado. En Café Citron, en cambio, las mesas y el baile están en conjunto (algunos bailan sobre las mesas y bancos). El ambiente es mayormente extranjero y los ritmos son más tropicales.

Al día siguiente tuve mi primer desayuno y tuvo un toque especial: dos amigas de Sofi que se habían quedado a dormir nos prepararon un banquete de culturas. Había huevos revueltos, muffins, tostadas con mermelada y mate.

Era hora de ver la ciudad con la luz del sol y ahí me empecé a enamorar del DC. Mi flor preferida son los tulipanes y me sorprendí de la cantidad de jardines llenos de esta flor en distintos colores. Cada casa tenía una entrada perfecta, mostrando patriotismo con su bandera flameando; pastos verdes muy cuidados, todo simétrico y prolijo.

Sin saberlo fui en la temporada del Cherry Bloosom, que es cuando los árboles de cerezas florecen y cubren toda la ciudad de unas flores rosadas preciosas. Es una época en que la ciudad recibe gran cantidad de turistas japoneses que van solamente a ver el florecimiento de los árboles.

Cerca de la casa donde me hospedé había un bosque. Cuando entré a recorrerlo vi señaléticas de tránsito que indicaban que podía encontrarme con algún venado. Sofi me comentó que algunas veces cuando salía a correr los había visto y que si teníamos suerte quizás veíamos alguno. La fortuna estuvo de nuestro lado ya que al ratito nos encontramos con una famila entera.

Me pareció maravilloso que en medio de la ciudad hubiera un espacio tan bien conservado como para que animales salvajes pudieran convivir sin ser invadidos ni molestados.

A la tarde tomamos un café en Starbucks, el primero que tomaba en Estados Unidos. Me parece relevante porque es una de mis cafeterías preferidas, no sé si tanto por la calidad sino porque me genera la sensación de estar en casa, no importa en que lugar del mundo esté, me da seguridad y me reconforta.

Por la noche conocí el barrio de Georgetown, con sus edificios de estilo y arquitectura similar que parecen de cuentos. Es una zona llena de lugares muy copados para ir a comer o tomar algo.

Elegimos comer en Shake Shack una hamburguesería espectacular, hoy en día de mis favoritas, pero en ese momento no la pasé tan bien ya que no comía hamburguesas y mi cena fueron papas fritas con cheddar.

Lo que me llamó mucho la atención del lugar fue un cartel en el que te pedían que al ordenar tu pedido aclararas si querías que tu hamburguesa estuviera muy cocida. Otra cosa, super positiva, que me atrajo de cada lugar de comidas que visité, fue la tap water, que es básicamente agua de la canilla, potable, libre y gratuita.

Al día siguiente me tomé el metro hacia el mall: es el gran parque rodeado por museos y los famosos monumentos. Aparenta posible de recorrerse en una tarde, pero si te gusta detenerte, entrar a museos y sacar fotografías, lleva más tiempo del pensado.

Debo decir que las estaciones de metro de Washington me parecieron muy bonitas, no sé porqué si son bastante grises, pero sus escaleras enormes y largas me generaron algo lindo.

Cuando salí del metro, lo primero que vi a lo lejos fue el Capitolio. Ahí me cayó la ficha de en dónde estaba. Creo que hasta ese momento pensaba que ese edificio existía solo en las películas en las que algún extraterrestre invadía la tierra y lo hacía explotar en mil pedazos.

Recorrí el mall por sus bordes y visité el Smithsonian Natural History Museum. Es gratuito y está bastante bien. Nada por demás sorprendente, salvo el elefante que corona el centro del lugar. El National Air and Space Museum, en cambio, me pareció espectacular. No me alcanzó con ir un día, sino que volví al día siguiente para terminar el recorrido completo. No quería quedarme con ningún rincón sin ver: desde los prototipos de los primeros aviones hasta los de los últimos modelos, muestras de la vía láctea, visualizaciones de la galaxia, formaciones de guerra y cohetes espaciales. Todos los objetos que se encuentran ahí adentro son espectaculares. Lo mejor es que podes ingresar a algunas naves, tocar, sacar fotos y ES GRATIS!

Entre museo y museo, siguiendo en el perímetro del Mall está el Smithsonian Castle, pero no se podía entrar así que solamente contemplé la arquitectura por fuera.

El recorrido de los monumentos lo hice al atardecer. Las distancias son largas entre uno y otro y por la falta de luz no me animé a llegar a todos. El Capitolio, mi segundo favorito por su arquitectura imponente y su cúpula; el monumento a Washington, al que denominé “el obelisco yankee”; el de la Segunda Guerra Mundial, que es inmenso; el de la Guerra de Vietnam, que me impresionó por las estatuas de los soldados y, para el final lo mejor, tras el lago artificial se alzan las hermosas escalinatas que te conducen al gran Lincoln, por lejos mi preferido. Es enorme, él con su sillón y las columnas que lo resguardan.

Además visité por fuera la Casa Blanca, se ve tal como en las películas pero mucho más chica, aunque el jardín es grande y muy, muy verde.

Esa noche, en realidad tarde, la familia anfitriona de Sofi le preparó un festejo de cumpleaños que consistió en una barbacoa a las 6 pm. Realmente no podía creer que el sol estaba cayendo y yo ya estaba con carne en mi plato. A mi el asado me gusta cocido y en eso no hubo coincidencia: la barbacoa consistió en carne apenas cocida, con la temperatura y el nivel de cocción controlado con un termómetro. Para mi, estaba roja. La torta de cumpleaños era gigante, nunca voy a entender como la gente logra hacer tortas tan grandes. La sorpresa fue que estaba rellena de dulce de leche La Serenisima. La host mum de Sofi había encontrado un negocio en el que vendían productos argentinos.

El mejor museo al que fui, quizás el mejor en toda mi vida, fue el Holocaust Museum. El recorrido es de aproximadamente 3 horas.

Me pareció muy completo, sentí que la historia me daba una cachetada. Fue fuerte pero valiosa la experiencia.

Mi inglés no es muy fluido y no contaba con mucho tiempo, pero para quién si tenga esa oportunidad, suele haber sobrevivientes sentados en el hall central, dispuestos a conversar con los visitantes.

Aunque por el clima me quedó pendiente visitar el Pentágono, el Arlington Cemetery y el monumento a Jefferson; viví dos experiencias típicas del lugar: fui a una hora de cuentos para chicos en la biblioteca local y a pintar porcelana en un Pottery Place, específicamente en All Fired Up. Es muy divertido, una idea super entretenida para los más pequeños en días de lluvia.

De todo el viaje, el mejor lugar en el que comí fue en Buffalo Wild Wings, ubicado en Rockville. La especialidad son las alitas de pollo a las que les agregas salsa. Cada carta tiene un dibujo de una botella en la que te especifican el nivel de picante de cada una por medio de colores: rojo, amarillo y verde. Probé una salsa Parmesan Garlic (nivel amarillo) y tuve que pedir 3 vasos grandes de Coca Cola para calmar el fuego. Realmente son muy fuertes para quienes no estamos acostumbrados a comer con tanto picante. Lo mejor es elegir una nivel verde como la Teriyaki o Sweet BBQ. Igualmente si algo me encantaría es que esa franquicia llegara a Argentina.

¿Cómo me transporté?

Caminando y en metro. Una vez que le encontrás la vuelta es muy fácil. Cada uno tiene un cartel luminoso que indica hasta que estación va. Es intuitivo, limpio y seguro. Para usarlo hay que comprar la SmarTrip card que en este posteo te cuento un poco más sobre cómo usarla.

¿Qué comidas probé?

  • Alitas de pollo con salsa
  • Barbacoa (algo así como nuestro asado pero MUY rojo) 
  • Pizza 
  • Chocolate caliente con marshmallows 
  • Snack mix de vegetales 
  • Papas fritas con sal marina (tipo Lays) 
  • Bagel con Sour Cheese
  • Mantequilla de maní
  • Huevos revueltos 
  • Pretzel 
  • Raice Kryspies 
  • Kale
  • Papas sabor bacon (todo lo que tenga sabor a bacon es un SI absoluto)
  • Steakcheese 
  • Pavo 
  • Papas fritas sabor chaucha 

¿Dónde compré ropa?

H&M yForever 21.

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12 Comments

  1. […] y con gente muy agradable. Si les interesa saber más sobre mi diario de ese viaje, está todo publicado en el blog.Volviendo a mi último viaje, esta vez el destino principal era Nueva York, pero tantas eran mis […]

  2. […] porches en altura, aros de basquet y graffities. Creo que la gran conclusión del viaje es que los directores de cine, escenógrafos y realizadores, logran plasmar muy bien los ambientes del país en sus […]

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